Este 27 de septiembre, en el marco del Día Mundial de los Ríos, el río Atoyac vuelve a colocarse en el centro de la discusión ambiental en Puebla y Tlaxcala. Aunque autoridades federales y estatales reportan obras, inversiones millonarias y avances en el saneamiento, la contaminación del afluente continúa siendo uno de los principales pendientes ambientales de la región.
El Atoyac fue incluido por el gobierno federal, encabezado por la presidenta Claudia Sheinbaum, dentro del Compromiso 92, junto con los ríos Lerma-Santiago y Tula; para su recuperación se han anunciado acciones que van desde la construcción y rehabilitación de plantas de tratamiento hasta colectores, reforestación, desazolve, restauración de riberas y vigilancia de las descargas.
De acuerdo con reportes recientes de la Comisión Nacional del Agua (Conagua), la primera etapa del saneamiento registra un avance cercano al 80 %; en Cuautlancingo, por ejemplo, se reporta la conclusión de 23 kilómetros de colectores, mientras que la planta de tratamiento de aguas residuales de Santa Rita Tlahuapan presenta un avance de alrededor del 90 % y está en proceso de estabilización.
Las cifras de inversión también son relevantes. Entre 2025 y 2026, los recursos federales, estatales y municipales destinados a las acciones de saneamiento en la cuenca ascienden a unos 2,755 millones de pesos, con obras concentradas inicialmente en municipios de Puebla y Tlaxcala; el proyecto contempla plantas de tratamiento, colectores marginales, biodigestores, reforestación, restauración de riberas y monitoreo de la calidad del agua.
A estas acciones se suman jornadas de limpieza llevadas a cabo durante septiembre, en las que participaron autoridades ambientales, municipios y organizaciones; en distintos puntos del cauce se han retirado basura, cascajo, azolve y llantas, además de llevarse a cabo trabajos de reforestación.
Sin embargo, el reto va más allá de retirar los residuos visibles del río. La cuenca del Alto Atoyac recibe descargas provenientes de decenas de municipios y de actividades industriales, urbanas y agrícolas; entre los sectores señalados en distintos estudios están las industrias textil, química, automotriz, metalmecánica, papelera, alimentaria y de bebidas, además de las descargas de aguas residuales municipales.
El problema también está relacionado con la presencia de sustancias contaminantes y parámetros que históricamente han rebasado los límites establecidos en las normas ambientales.
Organizaciones sociales y especialistas han advertido que la recuperación del Atoyac requiere controlar las descargas desde su origen y no limitarse a construir infraestructura para tratar el agua una vez que la contaminación ya llegó al cauce.
En septiembre, el relator especial de la ONU sobre sustancias tóxicas y derechos humanos, Marcos Orellana, cuestionó la eficacia de las acciones emprendidas para contener la contaminación tóxica y planteó la necesidad de avanzar hacia un esquema de descarga cero, particularmente frente a las descargas industriales.
El contraste es evidente: mientras las autoridades reportan avances importantes en infraestructura y una inversión creciente para recuperar el Atoyac, el río todavía enfrenta un problema acumulado durante décadas.
Las obras representan un paso relevante, pero el saneamiento definitivo dependerá también de una vigilancia permanente, cumplimiento de las normas, control efectivo de las descargas y atención a los pasivos ambientales existentes.
El verdadero desafío será conseguir que el agua que llegue al río deje de estar contaminada y que las acciones anunciadas se traduzcan en una recuperación que pueda ser comprobada por las comunidades de Puebla y Tlaxcala.